
Oda a la amistad
Cuando tenemos esa sensación de vacío, cuando caemos estrepitosamente al suelo, cuando se nos nubla la vista y no vemos solución posible. Cuando perdemos las fuerzas y de nuestros ojos empiezan a emanar, sin parar, unas pequeñas gotitas centelleantes, como lentejuelas. Cuando solo vemos dolor y mal a nuestro alrededor, y permanecemos allí, pasivos en el suelo. Cuando las lágrimas del cielo comienzan a caer, sobre nuestra alma, y nuestro cuerpo empapado, no para de sentir el gélido abrazo de la soledad.
Nos olvidamos entonces de lo que somos, de lo que tenemos y vemos como el mundo nos estrangula con sus manos espinosas, clavando sus puntiagudas agujas en lo más profundo de nuestro ser. Miramos al pasado y vemos todo lo que perdimos, todas aquellas oportunidades desperdiciadas y nos lamentamos, maldiciendo todo aquello que una vez nos hizo tan especiales.
Recordamos profundamente los fracasos y temblamos ante la fuga de los sueños. Vemos pasar las oportunidades que nos te presentaron en nuestras vidas, y que ahora no son más que lejanos recuerdos perdidos. Suspiramos con cierto desamparo y somos incapaces de evitar dejar escapar una lagrimilla…
Entonces nos vemos impotentes ante lo que sería la sencilla tarea de levantarse. Acabamos rindiéndonos sin ni siquiera intentarlo y nos contentamos con estar allí, tirados en el suelo.
Y cuando lo vemos todo perdido, cuando sentimos que no podemos respirar, cuando el frío nos congela y el dolor nos invade, cuando no vemos escapatoria a nuestra situación, siempre aparece ante nosotros, esas personas que han formado parte en nuestra vida, alzándonos la mano, ayudándonos a levantar, sujetándonos… Entonces las lágrimas del cielo cesan de caer y nos levantamos. El frío de la soledad cesa, ves a nuestros amigos, compañeros, familiares, a todas las personas con las que nos hemos topado en nuestra vida, todas aquellas que han dejado un trocito de ellos en nuestro corazón, que nos acogen en un cómodo y confortable cálido ambiente. Y acabamos sonriendo como nunca antes habíamos hecho. Nos vemos capaz de realizar cualquier tarea, y es porque lo somos, porque tenemos a todas esas personas apoyándonos en cada momento. Esas mismas personas nos levantarán cuando nos caigamos, nos darán calor cuando solo sintamos frío, nos darán fuerzas para volver a empezar y continuar una y otra vez.
Y acabamos riéndonos, viendo lo estúpido que fuimos por abrazar la sombra, teniendo el sol. Nunca estamos solo si realmente no lo deseamos y, ¿Para qué desearlo?
Víctor Chang Lee 1º Bachillerato A
Cuando tenemos esa sensación de vacío, cuando caemos estrepitosamente al suelo, cuando se nos nubla la vista y no vemos solución posible. Cuando perdemos las fuerzas y de nuestros ojos empiezan a emanar, sin parar, unas pequeñas gotitas centelleantes, como lentejuelas. Cuando solo vemos dolor y mal a nuestro alrededor, y permanecemos allí, pasivos en el suelo. Cuando las lágrimas del cielo comienzan a caer, sobre nuestra alma, y nuestro cuerpo empapado, no para de sentir el gélido abrazo de la soledad.
Nos olvidamos entonces de lo que somos, de lo que tenemos y vemos como el mundo nos estrangula con sus manos espinosas, clavando sus puntiagudas agujas en lo más profundo de nuestro ser. Miramos al pasado y vemos todo lo que perdimos, todas aquellas oportunidades desperdiciadas y nos lamentamos, maldiciendo todo aquello que una vez nos hizo tan especiales.
Recordamos profundamente los fracasos y temblamos ante la fuga de los sueños. Vemos pasar las oportunidades que nos te presentaron en nuestras vidas, y que ahora no son más que lejanos recuerdos perdidos. Suspiramos con cierto desamparo y somos incapaces de evitar dejar escapar una lagrimilla…
Entonces nos vemos impotentes ante lo que sería la sencilla tarea de levantarse. Acabamos rindiéndonos sin ni siquiera intentarlo y nos contentamos con estar allí, tirados en el suelo.
Y cuando lo vemos todo perdido, cuando sentimos que no podemos respirar, cuando el frío nos congela y el dolor nos invade, cuando no vemos escapatoria a nuestra situación, siempre aparece ante nosotros, esas personas que han formado parte en nuestra vida, alzándonos la mano, ayudándonos a levantar, sujetándonos… Entonces las lágrimas del cielo cesan de caer y nos levantamos. El frío de la soledad cesa, ves a nuestros amigos, compañeros, familiares, a todas las personas con las que nos hemos topado en nuestra vida, todas aquellas que han dejado un trocito de ellos en nuestro corazón, que nos acogen en un cómodo y confortable cálido ambiente. Y acabamos sonriendo como nunca antes habíamos hecho. Nos vemos capaz de realizar cualquier tarea, y es porque lo somos, porque tenemos a todas esas personas apoyándonos en cada momento. Esas mismas personas nos levantarán cuando nos caigamos, nos darán calor cuando solo sintamos frío, nos darán fuerzas para volver a empezar y continuar una y otra vez.
Y acabamos riéndonos, viendo lo estúpido que fuimos por abrazar la sombra, teniendo el sol. Nunca estamos solo si realmente no lo deseamos y, ¿Para qué desearlo?
Víctor Chang Lee 1º Bachillerato A


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