MENSAJE PARA NUESTROS JÓVENES COMENTARISTAS

NO PUBLICAMOS ningún comentario que tenga faltas de ortografía.

domingo, 6 de diciembre de 2009

PIENSA EN TÍ.


Tras la muerte de mis padres en aquel accidente, creía que nunca más volvería a ser feliz, pero llegó él, Mario. Cuando más lo necesitaba, aquella tarde en una librería le pedí el libro de Mario Benedetti, y nos miramos, supe que algo estaba pasando, él me dijo que le encantaba ese autor y me invitó a un café; desde aquel día hasta hoy, no nos hemos separado.
Mi vida comenzó de nuevo, éramos inseparables, compartíamos todo. Despertar juntos nos hacía felices, tomar el café, la despedida hacia su trabajo, vuelta a casa y comer juntos. Perfectos, éramos un matrimonio perfecto.
Un día quedé con mi mejor amiga para ir de compras, me compré una camisa preciosa, era roja y con un poquito de escote. Cuando Mario llegó a casa, había estrenado la camisa para él, pero llegó mi primera desilusión cuando me dijo: “¡Quítate eso que llevas puesto!, ¿No ves que se te ve todo?” Pensé que tendría un mal día.
Todo continuaba bien, como siempre, pero su trabajo fue lo que empezó a fallar y tuve que empezar a buscar yo un trabajo. Llegó el día de mi entrevista, estaba nerviosa, pero tuve suerte, el trabajo fue para mí. Estaba deseando contárselo a Mario. Llegué a casa, allí estaba él y emocionada le grité: “¡Ya tengo trabajo cariño!” Se levantó, me miró de arriba abajo y me dijo: “¿Te has visto cómo vas? ¿Como no te van a coger?”; “¡Pero Mario cariño! ¿Qué estas diciendo? ¿Cómo dices eso? ¿No ves que nos hace falta? ¡Además, solo voy arreglada!” En ese momento fue la primera vez que su mirada me asustó. “¡No irás!” me gritó dándome un empujón.
Aquella noche dormí en el sofá, cuando desperté Mario ya no estaba, me arreglé y me fui a mi nuevo trabajo. Cuando salí él estaba en la puerta, dentro del coche, esperándome; me alegré mucho al verle allí, pero nada más entrar en el coche supe que algo iba a pasar, arrancó el coche, aceleró fuerte y no dijo nada. De repente comenzó a gritarme: “¿No te dije que no fueras? ¡Quiero verte siempre conmigo! ¡No quiero que salgas sin mí!” Yo le decía: “Mario por favor tranquilízate” Empezó a darme empujones, puñetazos, seguía gritando y conduciendo hasta llegar a casa. Allí fue peor. “¡Nunca saldrás sin mí! ¿Me has entendido? ¡NUNCA!”, me gritaba, “¡Te encerraré si hace falta!”, me empujó, me tiró al suelo y me pegó. Yo me sentía débil, avergonzada, impotente de no poder hacer nada, no tenía el valor de levantarme y enfrentarme a él. Tenía miedo, y no hice nada.
Mi vida se vino abajo, empecé a comprender porqué estaba siempre a mi lado, porqué nunca se separaba de mí; no era porque me quisiera mucho, sino porque estaba obsesionado, enfermo. Mario era un enfermo celoso.
En ese momento supe que no permitiría que nada ni nadie me hicieran pasar un día como ese. Al día siguiente me armé de valor, dejé mis miedos atrás, por una sola vez pensé en mí, cogí mis cosas y me marché. Con un gran dolor en el corazón, por como me había hecho sentir, pero con la fuerza suficiente para seguir mi vida sin él.

Claudia Ruiz-Medrano. 3º E.S.O
CURSO 2009/2010

0 comentarios: