Érase una vez estaba el rey Arturo con su mago Merlín en los aposentos de la bellísima princesa Ginebra. De repente vinieron dos tipos a caballo, al rey Arturo le pareció extraño.Al cabo de un rato había desaparecido la princesa Ginebra. El rey fue a buscarla por todo el bosque, el rey le pregunto a su mago si podría adivinar donde estaba la princesa Ginebra. El mago Merlín estuvo pensando durante un buen rato, cuando, de repente el mago salto de alegría. El rey le preguntó que le pasaba. El mago le dijo que había encontrado a la princesa pero había un problemilla, que para rescatar a la princesa había que luchar con: ¡Fuerzas tenebrosas! El mago le contó todo lo que sabía, al cabo de un buen rato partieron hacía el bosque en busca de Ginebra. Por el camino se toparon con unos druidas que intentaron matarlos, luego con unos castores que se comen cualquier cosa y por último con un peligroso arquero. Al final encontraron la cueva en la que estaba la princesa Ginebra, a la entrada había una puerta de hierro que gracias a Merlín y a uno de todos los trucos que tiene el gran mago consiguieron abrir. Cuando entraron vieron a una mujer parecida a una medusa, uno de los caballeros que acompañaba a la pareja se petrificó por mirar a la medusa a los ojos. Entonces el mago consiguió tirarle el caballero petrificado. Finalmente el rey Arturo encontró a la princesa, salieron todos de la cueva, cuando ya estaban todos fuera el mago Merlín logró despetrificar al caballero y volvieron todos a los aposentos de la princesa.Jorge Iglesias Brea 1º ESO-A.


0 comentarios:
Publicar un comentario