MENSAJE PARA NUESTROS JÓVENES COMENTARISTAS

NO PUBLICAMOS ningún comentario que tenga faltas de ortografía.

martes, 27 de enero de 2009

MÁS ALLÁ DEL HORIZONTE

Hoy, para muchos, es un día feliz, alegre, especial..., para mí… no.
Soy un adolescente de 13 años, el hijo más pequeño de mi familia. Mi nombre es Kuwaty.
En mi familia éramos seis, ahora no, dos hermanos míos murieron como consecuencia de las continuas guerras civiles y del hambre. Pertenezco al pueblo Mandinga, en Liberia.
Aquí todos los días son iguales. Desde hace mucho tiempo, mi familia se ha dedicado a la cría de ganado, pero a consecuencia de unas fiebres, la pocas cabras que teníamos murieron, y desde entonces, tuvimos que trabajar en el campo, cultivando algodón y cereales.
Yo estoy seguro de que los hijos que tengamos mi hermano y yo en un futuro, tendrán que seguir haciendo las mismas tareas que nosotros. A mí, esa idea no me gusta nada.
Desde muy pequeños, empezamos a trabajar en el campo… en fin a hacer una serie de tareas. Yo no he podido disfrutar de mi niñez, y supongo que tampoco podré disfrutar de mi adolescencia. A veces sueño que esto no pasa, que los niños son niños y que nadie pasa hambre; que la vida es maravillosa y que todos tienen un techo donde cobijarse y resguardarse de las fieras. A veces sueño que mi vida es diferente, pero cuando despierto y miro a mí alrededor, todo sigue igual. No ha cambiado nada e incluso algo es peor que antes.
La primera idea que se me ha pasado por la cabeza es escaparme hacia lugares más lejanos, más allá del horizonte, para poder ganarme la vida de una forma totalmente distinta en otro país. Así, podría mandar algo de dinero o de comida a mis padres y a mi hermano. Todo cambiaría. Pero ¿Cómo?
Esto seria muy poco realista, ¿no crees? Solo tengo 13 años y no puedo cambiar la vida de mi familia solo por atravesar el océano atlántico. Ni siquiera se lo que me espera en el otro país. Esto no es un cuento de hadas. Hay que trabajar duro para conseguir lo que se quiere. Pero, ¿allí? ¿Qué debo hacer para conseguir lo que quiero?
Mis padres dicen que cuando la gente de por aquí se va a otro país, lo que tiene que hacer es buscar un trabajo y que así es como se gana el dinero para vivir. Que el dinero y la comida no cuelgan de las ramas de los árboles. Pero, ¿Cómo consigo yo un trabajo? Ni siquiera he tenido una educación. Seguramente no pueda ni conseguir el más tonto de los trabajos que haya por allí. Lo que sí que tengo claro, es que tengo que atravesar el horizonte y una vez allí,……….ya buscaré como ganarme la vida.
A mis padres, la idea de viajar a un país al que no conozco les asusta; pero también saben que aquí no hay futuro para nosotros y que mi sueño y yo, somos su única esperanza de sobrevivir, la única esperanza de futuro.
Mis padres y mi hermano, me han dado los pocos ahorros que tenían para el largo viaje. No es mucho, así que voy a tener que ganar algo de dinero o incluso robar hasta que pueda pagar para poder irme. Toda esa idea de robar no me gusta mucho, pero no tengo elección.
Mi madre me ha preparado el equipaje. Me ha metido en un saco ropa limpia, el dinero y un poco de comida.
La despedida ha sido muy triste, pues no se si volveré a verlos. Solo en mi pensamiento conservo la mirada de mi madre.
Han pasado algunos días, no se cuantos y he conocido a un chico de Sierra Leona. Va al mismo sitio que yo. Se llama Kenally y tiene 16 años, es algo mayor que yo, pero nos compenetramos muy bien.
Ya es de noche y hemos acampado en un lugar donde no hay señales de vida. Está todo muy oscuro y Kenally, que se ha convertido en mi buen amigo y compañero de viaje, hizo una hoguera para no pasar tanto frío por la noche. Antes de acostarnos estuvimos compartiendo nuestros sueños y me advirtió de los peligros que podríamos encontrarnos. Estuve toda la noche en vela. No podía dejar de pensar en ello:” Patera”.
Era la primera vez que oía esta palabra, y solo nombrarla me causaba miedo. Decía que seguramente no fuera muy confortable, que poder estar en una, costaría mucho dinero y que incluso algunas no llegaban a su destino. ¿Te imaginas los peligros que eso supondría? Imagínate. No quiero ni oír hablar del tema, solo de pensarlo me dan escalofríos.
También dice que muchas personas que han llegado allí, les han mandado otra vez para su país porque les han descubierto; que es ilegal. Yo no lo entiendo, porque después jugarte la vida, de gastarte todos tus ahorros, haber caminado meses e incluso años para llegar a la “patera”… y…. ¿Qué te devuelvan otra vez a tu país? ¡Pero si solo intentamos tener una vida mejor!.
Kenally y yo nos hemos separado. Él ha conseguido patera. Pero hemos prometido volver a vernos en el nuevo país. Es agradable saber que entre tanta gente desconocida voy a tener a un amigo.
Llevo caminando más o menos… ¿Uno? ¿Dos meses? La verdad es que he perdido la noción de tiempo.
Donde estoy ahora está más poblado. He ido en busca de trabajo, pero todos dicen lo mismo: que ni siquiera tienen dinero para ellos, que si soy muy joven… en fin, que no. Creo que no tengo alternativa. Voy a tener que…”tomar las cosas prestadas” e incluso algún que otro dinerillo. Tengo hambre, me siento solo y me acuerdo mucho de mi familia.
Después de varios meses muy duros y de encontrar trabajillos esporádicos, creo que ya tengo el dinero suficiente para pagar la patera y solo me falta llegar a ella. He guardado algo de comida para el viaje.
He contactado con Samir, un hombre árabe que se encarga de recoger gente con mis mismos sueños, y llenar pateras. Casi no lo consigo, pues me pedía más dinero del que yo llevaba y después de discutir largo rato, hemos llegado a un acuerdo. Mi sueño, cada vez está mas cerca.
Salimos desde una playa, por la noche, a hurtadillas y en silencio y con mucho miedo. La primera impresión que he tenido de la patera no ha sido muy buena que digamos. Es una barca no muy grande, para la cantidad de personas que vamos a ir en ella y a pesar de estar en mar abierto, casi no se puede respirar de tanta gente.
Tan solo llevo dos horas y ya estoy deseando llegar para poder estirar las piernas. Todo es muy aburrido. Todos se me quedan mirando, y eso me fastidia muchísimo. Me intimidan.
Aquí nadie está como cuando embarcamos. Están muy débiles, yo diría que deshidratados. Es normal, pues llevan unos cuantos días sin comer ni beber. Yo en cambio estoy algo mejor. He hecho muy bien guardándome comida, pero lo tengo que comer a escondidas y con mucho miedo. A penas duermo pensando que me descubrirán y me tiraran al mar para conseguir el poco alimento que me queda.
De momento hemos tenido mucha suerte porque no ha habido ninguna tormenta. Claro que de vez en cuando venían olas, y creía que el corazón se me salía del susto que me llevaba. Pero ya estoy algo acostumbrado y cuando viene alguna de esas olas ya no me preocupo tanto. Pienso que nunca llegaremos y que las corrientes marinas nos alejan cada vez más de nuestro destino pues pasan los días y la desesperación crece.
Supongo que ya no quedara mucho. Estoy desfallecido.
Más allá del horizonte veo luces. Hemos llegado. Creo que esa es mi parada. ¿Habrá llegado Kenally? Me prometió que nos veríamos pronto. El había salido antes que yo.
Parece que hemos desembarcado en una isla. Es de noche y todo esta muy oscuro, pero hemos tenido mucha suerte y estamos vivos.
Todo esto es muy distinto de lo que yo conozco. Solo había una cosa que faltaba. ¿Dónde se habrá metido Kenally? No le veía por ninguna parte. Pero no solo a él si no a la gente que viajaba con el… no tenían que andar muy lejos. Le estuve buscando durante horas. De repente vi a un hombre que viajaba con él y al preguntarle si sabía el paradero de mi amigo. Tardó mucho en coger aire para contarlo todo. No podía apenas hablar. No le agobié mucho. Dejé que se tomara su tiempo. Por fin tuvo las fuerzas suficientes para poderme contestar a las preguntas que le iba haciendo. ¡Era horrible! No me lo podía creer:
Al parecer les pilló una tormenta. Había muchas olas, muy grandes, la patera volcó, y con ella todos sus navegantes. La tormenta no duró mucho para haber sido tan fuerte. Esto ocurrió cerca de la costa y él pudo salvarse gracias a que se agarró a una tabla y a sus pocos conocimientos de natación que le acercaron a una playa. Pocos más sobrevivieron. Él era uno de ellos y al parecer Kenally no tuvo esa suerte.
Después de oír esto me quede congelado, helado, incluso sin palabras y a pesar de lo que me había escuchado, yo seguía buscando a mi amigo, pero no había ni rastro de él.
Ahora sí que podía decir que estaba solo.
Esa misma noche dormí fatal. Yo creo que ni siquiera pude dormir. No paraba de pensar en el día que le conocí. Es mi culpa. Si yo no le hubiera dejado irse y le hubiera dicho que se fuera conmigo, mi amigo Kenally aun estaría vivo.
A la mañana siguiente, me di una vuelta por la isla. Es muy grande y muy bonita. Aquí hay mucha gente, pero al parecer de otra raza, otra cultura. Son blancos y muchas personas, cuando paso por su lado, se me quedan mirando y me rehuyen,…… tampoco soy tan distinto.
He recuperado la noción del tiempo, y resulta que hoy es mi cumpleaños. Cumplo 15 años. Pero…no estoy tan contento como debería estarlo. No sé porque será, si porque estoy solo, lejos de mis seres queridos o si porque Kenally no esta aquí… en fin hay millones de razones por las que podría estar triste.
He visto a unas personas descargando mercancía en el muelle y he pensado que yo también podría hacer eso. Necesito dinero para vivir, pues llevo aquí unos días y he comido de lo que otros han tirado en los cubos de la basura. Esto es muy diferente a lo que yo había imaginado.
En el muelle, he hablado con uno de los que estaban descargando la mercancía, de mi misma raza, y me ha hecho muchas preguntas. Me han mandado a hablar con otro que no estaba descargando nada de nada. Ese hombre le contó que yo buscaba trabajo pero sin contrato, pues era ilegal. Hablaron un buen rato en otro idioma que yo no conocía. En ese instante me di cuenta de otro gran problema. Tendría que aprender un nuevo idioma. Todo se ponía muy difícil para mí
Simplemente recurrí a ese hombre porque era de mi misma raza y pensé que podía comprenderme mejor que los otros, incluso pensé que podría ayudarme. La verdad es que hice bien en acudir a él, porque imagínate la vergüenza que hubiera pasado. Todos se habrían reído de mí.
Al parecer ese hombre se llamaba Sitka y tras hablar mucho tiempo con el otro hombre blanco, se acerco a mí y me dijo que podía trabajar allí. Empezaba mañana. Tenía que estar allí muy pronto, más o menos a las cuatro de la madrugada y el trabajo iba a ser duro……muy duro para un chico de quince años débil y mal alimentado.
Como yo no tenia reloj, decidí quedarme allí a pasar la noche. De todas formas no tengo casa, y me da igual dormir en este rincón que en el rincón de la otra calle.
A la mañana siguiente cuando Sitka vino a trabajar me despertó. Tenia muchísimo sueño, no me tenía de pie. Pero bueno, si todos los días de la semana me despertaba a esa hora, supongo yo que me tendría que acostumbrar tarde o temprano.
Me ha contado como va esto, es decir, como me pagan y cosas de esas. Como me han dado trabajo sin contrato, porque soy menor de edad y estoy aquí ilegalmente y por eso no puedo ir hablando por hay del asunto.
Por descargar un camión me dan diez o quince euros. Euros es como se llama el tipo de moneda que hay aquí. Yo lo primero que quiero hacer es conseguir un lugar donde poder dormir, pero vale muchísimo dinero. Aquí los “ilegales” se juntan en grandes grupos para poder pagar el alquiler de una casa y así dormir bajo techo. Así que tendré que hacer alguna otra cosa para ganar más dinero, y creo que ya sé lo que puedo hacer.
Cuando terminé de descargar, me dejaron un tiempo libre, y me fui a dar una vuelta, vi a unas personas en la carretera preguntando a la gente que iba en sus coches que si querían que les limpiaran los cristales. A lo mejor no es que se gane mucho dinero, pero algo sí que ganaré, y yo, de momento, no puedo hacer otra cosa; así que, al siguiente tiempo libre que me den, iré a comprar las herramientas necesarias para limpiar los cristales de los coches : una espátula limpia cristales, por decirlo de alguna manera, y un poco de agua con jabón.
Me pondré donde haya algún que otro semáforo o donde haya mucho atasco, y no haya mucha gente que haga lo mismo que yo.
He empezado a limpiar cristales, y es más difícil de lo que yo me pensaba, pues encontrar a alguien que quiera que le limpie los cristales es más que complicado; pero bueno, siempre hay alguien y aunque de cien personas solo haya una o dos, buenas son.
Con el sueldo que he ahorrado durante esta semana, me he comprado ropa, porque la mía ya estaba rota y muy sucia. No me ha quedado mucho dinero, pero aun así, creo que he hecho bien en comprarme ropa nueva.
Aquí hay mucha gente que no me respeta para nada. Yo no se porque es realmente, pero yo diría que es porque no soy como ellos. La verdad es que a mí eso me fastidia muchísimo.
Ya me he acostumbrado al ritmo de por aquí. He de reconocer que al principio me costó mucho.
Pero, a partir de aquí la vida no va a ser de color de rosa
Hoy estoy en un centro de acogida para inmigrantes, ya que la policía me ha pillado sin papeles.
Mientras estoy escribiendo esto, también estoy pensando en cómo poder escapar de aquí, porque posiblemente me van a enviar a mi país. Yo me quiero quedar aquí, trabajar y ganar mucho dinero para poder así traerme a mi familia. Ella confía en mí y yo no les puedo fallar.
He pasado tantas penas y he dejado tanto por el camino que no puede acabar todo de esta manera. Me niego, no es justo…… yo pido tan poco.
Después de unos largos y difíciles días, me he dado por vencido, tiro la toalla. Me ha costado asumir que me devuelven a mi país. Lo bueno es que volveré a ver a mi familia y lo malo, es el triste futuro que nos espera….
No lo esperaba. De repente oigo como me llaman por megafonía. Un nudo en el estómago hizo que la respiración se me cortara y…. entonces lo vi, allí estaba él, con su cara sonriente como si nada hubiese pasado. Sí, era mi amigo Kenally. No había muerto, el mar no se lo había tragado.
Un saco de emociones me inundó y no sabía si reír o llorar, cuando Kenally y yo nos abalanzamos fundiéndonos en un fuerte abrazo. Ya no nos separaríamos más.
Kenally nunca me olvido. Llevaba buscándome desde hacía tiempo, por muelles, plazas, hospitales y cómo no, por centros de acogida. Él había conseguido trabajo y un permiso de residencia, gracias a la ayuda del señor Alazán, y ahora esa ayuda me la ofrecía también a mí.
Kenally había contado todas nuestras andanzas y aventuras juntos al buen señor. Le había hablado tanto de mí, que era como si el señor Alazán y yo nos conociéramos de toda la vida.
El señor Alazán era dueño de una pequeña plantación de plátanos y tabaco situada al norte de la isla de las Palmas de Gran Canaria y gracias a sus gestiones pude conseguir trabajo, casa, papeles…..pero sobre todo, apoyo y cariño.
El trabajo era duro, para qué engañarnos, pero conseguí juntar algo de dinero. Lo suficiente para traer a mi familia aquí conmigo.
Ahora trabajamos todos en la plantación, y somos una gran familia. Kenally forma parte de ella.
Ahora empiezo a ser feliz, rodeado de amigos y gente que nos entiende y apoya. Es como volver a nacer. Empezar de nuevo.


Un día soñé que soñaba…


Noelia y Alba 1º Bachillerato A







2 comentarios:

Unknown dijo...

Queridas Noelia y Alba: Vuestro relato es triste y envuelto en halo de nostalgia por todo lo que se daja atrás; pero, a la vez, es un relato empapado de esperanza y de compañerismo dos virtudes que, hoy en día, no proliferan mucho en esta sociedad es, por esto, por lo que os voto.

Un beso

Unknown dijo...

Buenos días Noelia y Alba, como he dicho a vuestros otros compañeros, espero que estás situaciones que tienen que vivir cientos de niños a causas de guerras y de pobreza, terminen.
Vuestro cuento me ha hecho soltar una lágrima.
eskerrik asko, mutilak