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jueves, 29 de enero de 2009

NAMOXHUAN

Era algo extraño, diferente, jamás había visto nada parecido. Era un rectángulo, del tamaño de aquellas antiguas pantallas de ordenador, las primeras pantallas planas que existieron, de unos tres centímetros de grosor, parecía estar recubierto de una finísima madera hueca, pero con un tacto más parecido al de la tela, en su interior un suave material laminado que nunca había visto, tenía unos finos símbolos, un tanto extraños, y una especie de dibujos, muy raros, como si los hubieran grabado de una forma que no llegaba a comprender.
Aquella situación me resultaba bastante extraña, al fin y al cabo, aquella mañana no había sido diferente de las demás. Me había levantado, a la misma hora de todos los días, me había vestido, con la ropa de todos los días y había cogido el portátil, igual que todos los días de mi vida hasta el momento, y esto era, definitivamente, lo que hacían todos los niños menores de dieciséis años en cualquier parte del mundo. De hecho, pensándolo bien, todos mis días eran exactamente iguales, siempre lo mismo, sin ningún cambio, hasta ese día.
Ese día, por alguna extraña razón, que aún no llego a comprender, decidí cambiar de ruta para volver a casa, y fue entonces cuando encontré ese extraño objeto en la basura, como si me estuviese llamando, precisamente a mí, Chris, un insignificante niño de once años, fue como si me atrajera hacia él, como si, de alguna forma quisiera que lo encontrara, aún no sabía lo que es, pero estaba dispuesto a descubrirlo.
De repente, alguien me habló, era un anciano, preguntándome si todo iba bien. En ese momento me asusté, pensé que lo mejor era marcharse de allí y, sin responder, salí corriendo. Corrí por las calles y avenidas, sin pararme, sin mirar atrás, hasta llegar a casa. Subí corriendo las escaleras y entré en mi habitación cerrando la puerta. Estaba confuso, no sabía porque había reaccionado así, me había dejado llevar absurdamente por el miedo. Entonces me senté en la cama y recordando aquel objeto decidí echarle un vistazo.

Desde que lo había encontrado, estaba confuso, a cada rato me distraía y cualquier cosa me despistaba. Ese día al volver de clase, decidí dar una vuelta algo más larga, quizá eso me ayudaría a aclarar mis ideas. Tras un tiempo dando vueltas por la ciudad me sentí perdido y un repentino mareo me obligó a sentarme. Me encontraba en una pequeña plaza, rodeada de edificios, nunca había estado allí y, sin embargo, me resultaba familiar, no conseguía recordarlo, pero sabía que la había visto en algún sitio. Un anciano apareció en la plaza y me recordó aquello que tantos días me había estado persiguiendo, ya sabía donde había visto aquella plaza. Sentado en el suelo abrí el objeto. Enseguida encontré la lámina que buscaba, con aquella imagen, la plaza que se encontraba ante mi estaba también dibujada en la lámina, pero había algo diferente. No paraba de mirar el objeto, alzar la vista, mirar a la plaza y volver la vista al objeto. Era impresionante, las dos eran iguales, pero al mismo tiempo tan diferentes… La imagen del objeto era preciosa, con aquella estatua en el centro, blanca como la tiza, rodeada de flores y miles de colores, todo el suelo era de piedra y la gente paseaba tranquilamente por la plaza rodeada de hermosos edificios de ladrillo. Pero cuando levantaba la vista del libro la gente desaparecía, el suelo se convertía en asfalto, abarrotado de coches, los edificios se transformaban en monótonas filas de casas de hormigón, las flores se marchitaban y la admirable estatua se volvía gris y agrietada, perdiendo todo su brillo y su majestuosidad y siendo sustituidos por una estatua vieja, que ha pasado mucho tiempo a la intemperie, mirando a toda la gente que pasaba junto a ella y sin recibir la mirada de nadie. El anciano se acercó y, aunque no recuerdo toda la conversación, sí recuerdo que me acompañó a casa, y por el camino me explicó que hacía unos años, antes de los ordenadores, había “libros”, como el que yo tenía en la mano, en ellos se creaban todo tipo de historias, arte e incluso se transmitían los conocimientos de una generación a otra; pero todo eso se había perdido, los ordenadores habían cambiado nuestras vidas, haciéndolas monótonas e, incluso, grises. Cuando llegué a casa tuve que acostarme, pues habían pasado demasiadas cosas y estaba muy cansado.

Días después, solo tenía clara una cosa, que mi historia no podía desaparecer en olvido y que si yo no recordaba al mundo lo que había olvidado, nadie lo haría, y fue entonces cuando me senté en mi mesa y empecé a escribir un libro que se llamaría “Namoxhuan”.

Lourdes Rivero y Óscar Abelda (4º ESO-A)

16 comentarios:

Unknown dijo...

Lourdes y Óscar, el título lo dice todo Namoxhuan:mis libros en náhuatl. ¡Qué curioso que sepáis esta lengua!, yo la aprendí cuando me tuve que ir una temporada larga a vivir en la zona de Morelos y Tlaxcala.
Estoy totalmente de acuerdo con vosotros, la informática jamás podrá sustituir a sentir el tacto del libro, el olor que deja impregnadas sus hojas en nuestros de dedos,la sensación de ir descubriendo los secretos que nos guarda y ¿os imagináis si es viejo? entondes se dispara la imaginación, vuela a través de todas y cada una de las persoans que lo han leído: ¿quiénes eran? ¿qué sintieron ante su lectura? ¿dónde lo dejaron descansar cuando lo terminaron de leer?. La verdad que me ha encantado vuestro relato.

princesa perdida dijo...

Estoy totalmente de acuerdo, para mí un libro en una caja de sentimientos y uno de mis mejores momentos del día, es el que paso ante un buen libro, enhorabuena por el cuento

carmen dijo...

Me ha encantado,yo siempre estoy con un libro y la verdad es que también siento el misterio de ¿quien lo ha leído?, ¿Cuando?,¿si le gusto?
Al igual que Marta uno de mis mejores momentos del día es cuando me pongo a leer. ¿Como se os ocurrió el nombre?
Mª Carmen

Unknown dijo...

Egunun neska:
Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora.

Proverbio hindú

Anónimo dijo...

En mis viajes, lo primero que echo al equipaje es un libro. Es el mejor compañero: me escucha, le escucho, me da reposo, me hace soñar. Por eso, estimados jóvenes me ha gustado vuestra historia

Unknown dijo...

"Nunca confíes en un ordenador que no puedas lanzar por una ventana”
— Steve Wozniak

Un ordenador es impersonal jamás lo consideraré algo mío, nunca le tendré cariño. A mis amigos los libros, los acaricio, disfruto de su aroma, de su compañía en momentos de soledad.

Anónimo dijo...

Se me han puesto los pelos de punta.
Me ha emocionado vuestro relato. Si bien es cierto que trasmite algo intenso puesto que no debemos nadie olvidar lo que nos enriquecen los libros tampoco debemos menospreciar el valor de las nuevas tecnologías que nos permiten cosas como la que estamos haciendo ahora mismo.
De todos modos a mí, al menos, me encantaría que siguiese la historia que habéis comenzado. Es como que parece que falta el capítulo II ;-).
Enhorabuena, chicos!

Unknown dijo...

Óscar y Lourdes, me parece un cuento muy bonito. Lo mejor de la historia, en mi opinión, es que gente tan joven como vosotros sea consciente de la importancia de los libros y de que, como sigamos así, su desaparición será inminente. ¿O quizá no?

Anónimo dijo...

Es agradable comprobar que todavía existen jóvenes que saben evadirse de la rutina que les rodea a través de los libros, capaces de imprimir sus sueños y emociones en unas pocas hojas de papel. Seguir así y puede que con el tiempo os convirtáis en autores de reconocido prestigio.

Anónimo dijo...

Me parece bien escrito, la redacción hace que lo que se quiera contar se entienda bien. El tema es misterioso desde el principio, como corresponde a la literatura actual (¡y al cine!), porque si no, el lector se aburre y se lee otra cosa, claro... El estilo es sencillo, lo cual hace que se dejen las cosas claras y no haya lugar a ambigüedades innecesarias. También me ha gustado mucho que plasméis indirectamente la vida diaria de un chico de once años; vamos, que se nota que lo que hace todos los días es rutina pura, muy realista.

Anónimo dijo...

¡Qué bien, qué maravilla! ¡Qué alegría me dais...! Esto renueva mi optimismo con la sociedad; que gente joven como vosotros piense no sólo en que el libro puede ser algo que en un futuro desaparezca, sino que será importante por aquel entonces recordarlo como tal... me hace feliz, jajaja, porque es como pensar que siempre habrá gente que se acuerde del libro... ¡Qué bien, de verdad!Me ha gustado el final; y me ha gustado también que hayáis cogido una palabra de una lengua no europea para expresarlo; me ha gustado que además esa palabra, que es el título del cuento, signifique precisamente "libro". Vamos, que reunís en un mismo cuento conocimientos de lingüística y de literatura, ¡qué bien!Nada más, chicos. No hay nada más satisfactorio para una filóloga (aunque sea una filóloga cutre, jeje), que ver que hay gente que se sigue preocupando por los libros y su futuro. ¡Gracias! Me habéis alegrado el día :-D

Unknown dijo...

Lourdes y Oscar, me parece muy bien que os preocupeis por el futuro de los libros. Me parece genial poder saber los pensamientos más íntimos de muchísimos autores que se han molestado en escribir para que lleguen hasta nosotros sus ideas y consejos. Yo suscribo aquello de que "un libro es como un buen amigo", pero sin que los libros sustituyan a los amigos.

Ángela Ruiz Garrido dijo...

Angela
PUES YO, DE ABOGADA DL DIABLO SIEMPRE, DIGO QUE SÍ QUE LOS LIBROS SON IRREMPLAZABLES EN LA VIDA DEL SER HUAMANO pero los tiempos han cambiado y gracias a la tecnología yo he podido leer vuestra historia que no está escrita en ningún libro. Y gracias a la tecnología mi universo se ha ampliado, como hacen los libros. Me encanra haber nacido en una época en la que puedo disfrutar de los dos formatos: DIGITAL Y TACTIL. NO ELIJO, LOS DOS ME GUSTAN.´¡ANIMO CHICOS!

carlos dijo...

Vuestro niño contempla la ilustración de la plaza y le cuesta reconocer en ella la realidad porque un libro es fantasía que nos hace la vida mejor o nos incita a cambiar lo que no nos gusta.¡Bravo!; en pocos renglones habéis dado con la esencia del LIBRO. El niño de once años había encontrado un tesoro y ¡casi no se da cuenta!. Enhorabuena porque vosotros sí sabéis que un libro, casi cualquier libro, es un tesoro y muchos chavales de vuestra edad no lo tienen muy claro. Un tesoro de cultura, de transmisión de saber humano de generación en generación. Me gusta eso. Lo dicho: ¡Enhorabuena por un relato fantástico!

Anónimo dijo...

Las nuevas tecnologías han cambiado y cambiarán nuestro entorno hasta límites incocebibles,
se supone que para librarnos de tareas monotonas y rutinarias, pero con ello, van minando nuestra imaginación, reduciendo nuestra creatividad, siendo meros consumidores de imagenes y sonidos.
Espero y deseo poder seguir leyendo libros, dibujando en mi imaginación los personajes, los lugares y dejando brotar los sentimientos.
Felicidades por este bonito cuento.

Anónimo dijo...

Queremos en el día de hoy invitaros a seguir escribiendo. Dice el refrán que "Quién hace un cesto, hace ciento"
Enhorabuena por éste a vosotros y a vuestras familias. En el contexto del cuento se nota su influencia, como no podía ser de otra manera.
Sois muy capces, mucho ánimo y adelante.