Desperté con un horrible dolor en la parte trasera de la cabeza y mi primera pregunta fue… ¿Quién soy? Recuerdo que no había nadie conmigo en ese momento, y que me encontraba sola en un pequeño lecho que estaba situada en una habitación muy sencilla.Traté de abrir la puerta de madera, pero comprobé que estaba cerrada.
Esperé lo que me pareció una eternidad y durante este tiempo examiné todo lo que llevaba encima, es decir sólo un pequeño colgante,… estaba desnuda. Lo examiné y descubrí una pequeña inscripción en la que se leía la palabra Shira. Sonó a mis oídos como una preciosa palabra e imaginé que debía ser mi nombre.
Al cabo, apareció en la puerta una mujer hermosísima, pero que no tenía una belleza basada en la sutileza de un elegante vestido o en la armonía de los rasgos de una cara perfecta… no; su belleza estaba dotada de una ferocidad increíble, de una salvaje elegancia parecida a la de un potro en libertad,... lo cierto es que mi primera impresión de ti fue lo que se dice de una diosa de la guerra. Recuerdo que tus primeras palabras dieron en mi corazón con una perfecta coherencia con tu pecho cortado:
-No tienes ropas porque eres nuestra esclava, mi reina quiere verte, levanta y no intentes huir… o morirás.
Me levanté y te seguí, sin saber muy bien porqué lo hacía ni hacia donde íbamos, la reina sin embargo no me causó una impresión como la tuya, de hecho, siempre me he preguntado por qué, debido a que era mucho más salvaje que tú; no sería hasta después que me daría cuenta de que realmente lo que me causó impresión realmente de ti no fue como eras sino lo que eras, cosa que supe desde un primer momento aunque mi memoria no me permitiera recordarlo.
La reina me observó y dijo con voz solemne:
-Hijas mías- ¿Recordáis cómo se llenó ante mi llegada la plaza? – El pueblo de las amazonas se encuentra ante un ligero dilema, pues estamos ante una traidora del sur que sin embargo es luchadora y que por lo que sé, ha amado siempre la lucha en su estado puro, sin trampas, acertijos, o esa estúpida magia: debido a ello, me veo ante la obligación de darle a elegir entre dos opciones, la oportunidad de luchar por su vida y si vence, unirse a nuestro pueblo, sin embargo no podrá ser libre tras esta batalla, tendrá que ser una más de la tribu o esclava.
-¿Qué decide la extranjera?- Corearon todas.
Yo, que ante tal conversación había agudizado mis sentidos, me incliné ante ella y dije:
-Lucharé, y después elegiré mi destino.
La reina me observó y dijo: -Sabía que o harías, sé, por la batalla ayer realizada que luchas tanto con arco como con espada, sin embargo en esta batalla sólo podremos usar una espada, nada más que eso y los obstáculos del bosque, pues no será una batalla normal, lucharemos, dentro de nuestro círculo del ritual en el bosque, tú y yo, en una caza en la que ambas seremos presas durante el tiempo necesario, hasta que una de las dos muera. Vestidla y esta noche hacedla cruzar la entrada sur.
No entendí a lo que se refería hasta que vi la entrada, esa noche, del lugar por el que yo debería entrar. Consistía en una especie de laberinto construido con árboles de un tamaño que doblaba a un humano. Observaba aquello mientras que sujetaba fuertemente la espada y me daba cuenta de las miradas que me dirigían las amazonas. No sabía que había hecho la noche anterior en la batallas, pero debían ser hazañas muy dignas por las caras que me dirigían, sin embargo, no podía sentirme confiada, pues me iba a enfrentar a la reina de ese pueblo de bárbaras mujeres.
Entré en el camino que formaban los dos primeros árboles y comencé a andar, nadie me había dicho que debía hacer, así que suponía que sólo tenía que matar a la mujer, por tanto, no esperaba que de pronto una flecha llegada de ninguna parte fuese hacia mí, pues la reina había dicho que tardaríamos mucho en cazarnos. Con unos reflejos que no sabía que poseía, me agaché y conseguí que la flecha sólo me rozase.
Entonces lo vi, el dardo no había salido de un arco de la reina o de algún soldado, salís de una trampa colocada en un árbol, por lo tanto no sería sólo una caza, sería una continua lucha por la supervivencia.
No recuerdo como conseguí pasar todas aquellas trampas, pero recuerdo que finalmente, con más de una rasguño, pero ninguno serio, llegué a un lugar en el que se veía un lago en el centro, y agachada, vi a la reina entre unos arbustos, esperándome.
Supe que podría matarla, tenía los ojos cerrados y posiblemente meditaba, pensando que, aun en el caso de que hubiese pasado los obstáculos, aun no habría llegado allí.
Sin embargo, una fuerza en mi interior, una voluntad también inexistente desde el despertar hasta ese momento, me hizo avanzar directamente hacia ella sin ocultar ningún sonido y hablar en voz alta:
-¡Reina amazona! He pasado todos los obstáculos menos uno, sólo tú quedas para acabar mi recorrido.
La reina me sonrió y supe que aquello también había sido una prueba, que ella sabía que había llegado pero había probado mi caballerosidad.
En ese momento sentí una vil rabia en mi interior, había pasado todas aquellas estúpidas trampas y esta mujer no conseguiría arrebatarme mi vida.
La reina, con un grito se lanzó a por mí, y nos sumimos en una batalla en la que ninguna de las dos cedía terreno y que supe que no podía vencer; mi rival era muy superior a mí, sin embargo, repentinamente, me sumí en una inmensa paz que ponía en una alerta extraña todos mis sentidos, pues ningún tipo de fuerza podía enturbiármelos, no me importaba morir, lo aceptaría, pues había tenido el honor de luchar contra esa increíble guerrera en un lugar sagrado para ella. Como si esa paz fuese algo más, sentí que todo a mi alrededor iba más lento, que me costaba menos parar las acometidas de la reina y más fácil lanzarla increíbles contraataques, y supe que podía vencer.
La reina empezó a ceder terreno y finalmente, cayó ante mí de rodillas y me observó, colocando la espada ante ella, a mis pies, y me dijo:
-Nunca había conocido una forma de luchar como la tuya, salvo en mi propia hija, Corssa, y reconozco mi derrota, ahora, puedes matarme.
La miré y vi a un gran caballo que esperaba su muerte, algo así no tenía que ocurrir. La sonreí y dije: - Nada de eso, tú salvaste mi vida al no convertirme en esclava o matarme directamente, y ahora yo seré piadosa con la tuya.
Ella me miró y me dijo: -Aún después de lo que le hice a tu pueblo, ¿perdonas mi vida?
Yo no recordaba nada, así que asentí.
Y ese asentimiento fue lo que me convirtió en un aprendiz de amazona que en poco tiempo consiguió ser líder de un pequeño grupo; en esa época me pusieron bajo tus órdenes y me cortaron un pecho para poder tirar mejor con el arco, con el que era aún mejor que con la espada.
Mi vida fue sobre ruedas, lo admito, y me sentí una más de vuestro grupo, llegué a hacerlo…
Por eso tenía que explicártelo, Corssa, no he muerto en la batalla ni nada por el estilo, os he abandonado porque esta noche, al iniciar el ataque a la villa para conseguir más hombres-animales con los que procrear, he visto en mi interior la batalla contra mi pueblo. No he recordado nombres ni nada de eso, pero he visto imágenes de muertes que no podía soportar,… no hay caballerosidad alguna en vuestras “matanzas” ya que matáis por placer, tanto a niños como a hombres, como a mujeres, porque no son de los vuestros… Me gusta vuestra sociedad, pero no la locura que se dispara en vuestro interior en una batalla. Yo no tengo problema en matar a alguien que lo merece, pero mis escrúpulos no me permiten matar a un niño inocente o a una madre que no lo merece ( a los hombres podría matarles a la mínima provocación después de oír vuestras historias y leyendas sobre sus actos). Por tanto, te agradezco tu enseñanza, a ti a todas vosotras, pero tenía que abandonaros, espero que sepas entenderme…
Un saludo
Shira
Rafael Carretero 2º bachillerato A


1 comentarios:
Curioso el relato. Pones violencia y un carácter inhumano en manos de mujeres cuando esa fama la tenemos los hombres. En el fondo, siempre he pensado que, la mujer, en situaciones de guerra es mucho más despiadada que nosotros.
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