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martes, 27 de enero de 2009

UN DÍA DE LUNA LLENA

En una antigua ciudad, aquellas de largas callejas y oscuros callejones, en aquellos barrios, oscuros, ocultos de la luz, habitaba la mas hermosa e inteligente muchacha. Se llamaba Sara. Numerosos nobles y caballeros, la visitaban para desposarla. Yo era uno de los numerosos hombres, pero mi procedencia era vulgar. No era más que un escritor fracasado. Temía tanto su rechazo, que ocultándola mi amor, la contemplaba en la lejanía.

Una noche de luna llena, una de aquellas, místicas y mágicas, de las tinieblas, un caballero endemoniado, pues fue el mismo Satanás quien le envió, secuestró a Sara.
Esa misma noche, yo no dormía. Miraba su ventana, por la que se asomaba cada noche, contemplando la luna y el cielo estrellado, a la que superaba en belleza. Buscaba una inspiración, algo de valor, con el que desvelar, a la luz de la luna, mi amor.
Mientras miraba atónito su ventana, lo vi a él, abalanzándose sobre ella, llevándosela en la más oscura y silenciosa noche.
Les seguí. Mi corazón palpitante, me guiaba, oculto en el denso manto de la noche.

A través de sinuosos senderos, me encontraba alejado de la mano de Dios, en una catedral, perteneciente a alguna secta .
Entré en aquella antigua fortaleza del diablo. Las altas columnas me guiaban hasta el altar. Por el rosetón, la luna reflejaba su luz, dibujando un pentáculo, donde yacía inconsciente Sara.
Alcé la vista y le vi a él. ¡Era yo! El demonio tenía mi rostro. Entonces, ella abrió sus ojos y una fuerza recorrió mi cuerpo. ¡Lo comprendí!
Arrodillado ante el altar reía el demonio.
-¡Soy un mensajero de Lucifer! ¡Prepárate para morir!
Reuniendo mis fuerzas grité:
-¡Nada puedes hacerme!
El demonio desenvainó su espada y me asestó una estocada que solo puedo atravesarme, como si de un ser incorpóreo fuese yo.
-Yo soy tú y tú eres yo, eres la oscuridad y yo la luz, somos uno y como uno viviremos.
Dicho esto, él se volvió oscuridad y se unió a mí.

La llevé a su casa, ella estaba inconsciente. En mí había nacido algo, estaba completo. Sabía que tenía el valor para decírselo y también para seguir adelante pasara lo que pasara. Ya podía sacar a la luz al auténtico yo, aquel que solo podemos ser en nuestra más absoluta soledad.

Víctor Chang 4º de ESO A

2 comentarios:

Unknown dijo...

Querido Victor: Me da mucha alegría que un niño de 4º de la ESO hable de amor. ¡Qué belleza arropar un sentimiento tan puro bajo el manto de la luna!. ¡Qué belleza que un chico con tu edad escriba sobre él!. ¡Que belleza estas palabras!:
"Yo soy tú y tú eres yo, eres la oscuridad y yo la luz, somos uno y como uno viviremos".
Me ha encantado.
Un beso

BAB dijo...

la luna y el amor, dos cosas que van muy unidas. Sí, yo también creo que l luna arranca muchas veces sentimientos de amor de alma.Demuestras mucha sensibilidad.