
Sara es una niña rubia, de ojos marrones, alta, risueña y un poco lunática.
Un día, Sara se levantó de la cama, como siempre.
De repente miró su despertador ¡eran las doce de la mañana!
-¿Cómo puede ser? – Exclamó – si lo puse para la siete: qué raro.
Sara se vistió, tomo el desayuno y partió corriendo hacia clase: Llego cuatro horas más tarde y la clase estaba cerrada, pues recordó que era sábado.
No se había acordado, sus padres no estaban en casa, porque tenían que ir al aeropuerto a recoger a su tía.
-Menudo día- dijo la niña, un momento, ¿por qué todo da vueltas y más, y más…?
Sara miró a su alrededor, se había desmayado: estaba en un lugar extraño pero, a la vez, le resultaba familiar. Era, era… su antigua casa, pero ¿qué hacía ella allí?
- Esto, esto es muy extraño ¿por qué estoy aquí? ¿Por qué estaban el mismo sofá, la misma televisión y hasta las mismas fotos que ella tenia?
Apareció un poco de polvo, que llenó toda la habitación y Sara se cayó al suelo, todo retumbaba.
- Hola, soy Boris ¿qué haces tú aquí? Dijo un duende.
- No lo se – balbuceó Sara.
- ¡Ah! sí, se me olvidaba: tú eras la chica que tenía cita para hoy.
- ¿Cómo? Disculpa, pero no se de qué estas hablando- musitó la niña.
- Bueno, repasemos. Sara había aparecido en la antigua casa sin saber por qué.
Había aparecido un duende sin saber por qué y tenía cita para algo sin saber ¡nada!
- Como seguía diciendo – dictó él – tú eres Sara Fersbly ¿no?
- No, yo no soy Sara Fersbly- afirmó Sara.
- oh , perdón. Me he equivocado de Sara – se sonrojó Boris.
- Adiós.
La niña se despertó: todo había sido un sueño.
Laura Marquino Hernández (1º ESO-A)
Un día, Sara se levantó de la cama, como siempre.
De repente miró su despertador ¡eran las doce de la mañana!
-¿Cómo puede ser? – Exclamó – si lo puse para la siete: qué raro.
Sara se vistió, tomo el desayuno y partió corriendo hacia clase: Llego cuatro horas más tarde y la clase estaba cerrada, pues recordó que era sábado.
No se había acordado, sus padres no estaban en casa, porque tenían que ir al aeropuerto a recoger a su tía.
-Menudo día- dijo la niña, un momento, ¿por qué todo da vueltas y más, y más…?
Sara miró a su alrededor, se había desmayado: estaba en un lugar extraño pero, a la vez, le resultaba familiar. Era, era… su antigua casa, pero ¿qué hacía ella allí?
- Esto, esto es muy extraño ¿por qué estoy aquí? ¿Por qué estaban el mismo sofá, la misma televisión y hasta las mismas fotos que ella tenia?
Apareció un poco de polvo, que llenó toda la habitación y Sara se cayó al suelo, todo retumbaba.
- Hola, soy Boris ¿qué haces tú aquí? Dijo un duende.
- No lo se – balbuceó Sara.
- ¡Ah! sí, se me olvidaba: tú eras la chica que tenía cita para hoy.
- ¿Cómo? Disculpa, pero no se de qué estas hablando- musitó la niña.
- Bueno, repasemos. Sara había aparecido en la antigua casa sin saber por qué.
Había aparecido un duende sin saber por qué y tenía cita para algo sin saber ¡nada!
- Como seguía diciendo – dictó él – tú eres Sara Fersbly ¿no?
- No, yo no soy Sara Fersbly- afirmó Sara.
- oh , perdón. Me he equivocado de Sara – se sonrojó Boris.
- Adiós.
La niña se despertó: todo había sido un sueño.
Laura Marquino Hernández (1º ESO-A)


5 comentarios:
guay
me ha gustado mucho. es muy bonito
está fenomenal sigue así.
soy anónimo pero me conoces.
podrias haberlo hecho mejor, ¡¡¡ Que no, es broma, lo has echo muy bien.
Guay
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