Verónica era una chica a la que nadie comprendía, sus padres seguían creyéndose que era la pequeña a la que había que proteger.Estaba cansada de su situación, llegaba a casa se encerraba en su habitación, ponía la música a tope y sólo así conseguía desconectar.
Conseguía olvidarse de todo, de los chicos, de sus amigas, de su familia, de su vida. Se la caía el mundo cuando lo pensaba, sus amigos se daban cuenta de que su vida no iba del todo bien, pero como siempre lo pintaba con su mejor sonrisa nadie se daba cuenta. Ella daría todo por irse a un sitio donde nadie la conociera, donde pasara desadvertida, donde nadie la mirara, sabía que ahí y sólo ahí podía ser feliz, no es que lo quisiera pero si lo necesitaba.
Desde que su novio Rafa se fue veía todo negro, a sus padres les parecía que no se le podía llamar novio, simplemente no lo hacían por que se cerraban a pensar que Verónica había crecido, pero ella sabía que sin él no podía continuar, que le necesitaba, estaba tan loca por él que no sabía que debía hacer.
Sus amigas no la entendían demasiado porque hacía bastante que esa historia había acabado, había estado con un par de chicos más y aun así no lo había olvidado, los demás no conseguían entender por qué a pesar de todo el daño que él la hizo le podía seguir queriendo. Pero era así y nadie lo cambiaba, ella lo intentaba pero no lo conseguía sacar de su cabeza.
Hasta que un muy buen día apareció él, Alberto, la hizo ver que el amor, si es que así se le podía llamar con su edad, no era para sufrir, que tenía una edad para pasárselo bien. De este modo él consiguió cambiar todo y absolutamente todo, ella volvió a sonreír, volvió a creer en sí, le había demostrado tanto tanto tanto en tan poco tiempo, que no lo entendía del todo.
Consiguió olvidarle en un tiempo y todo gracias a él. Ahora sabía que él era el que nunca la fallaría, que él estaría día a día, y eso que sólo le conocía de apenas una semana, pero él la había demostrado lo que Rafa nunca la demostró.
Pasó el tiempo y no sabía explicarse cómo le podía haber querido tanto. Pero tan solo pensaba en por qué Alberto no había aparecido antes, que él era el que había cambiado todo y era él quien ahora la hacía feliz.
Ahora lo veía diferente, ahora es cuando lo veía claro, y ahora se daba cuenta de que sólo existe el problema, cuando se le da importancia.
No lograba entender por qué todo había sido así, ella sabía que no había hecho nada para merecerse eso. Pero salió de ahí gracias a otros. Todo empezó a ir mejor, feliz junto a él, e incluso en su casa las buenas relaciones empezaron a florecer.
ELISA GARCÍA 2ºESOB


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